Después del tratamiento fallido, los dolores físicos que llevaba tiempo sintiendo comenzaron a intensificarse. Me dolía el cuerpo sin motivo aparente, y cada día se volvía más difícil. En una de las visitas médicas, tras una infiltración para aliviar el dolor, me dijeron que sospechaban que podía tener fibromialgia.
Un diagnóstico inesperado
Al principio no quise creerlo. Pensaba que era algo pasajero, que se me pasaría. Pero tras verme dos reumatólogos, el diagnóstico se confirmó: fibromialgia.
Otro golpe más. Otra mochila que se sumaba al peso que ya llevaba encima.
El dolor invisible
La fibromialgia no solo afecta al cuerpo, también a la mente. Me sentía agotada, frustrada, incomprendida. Era un dolor invisible, uno que nadie veía, pero que estaba ahí… cada día, cada noche.
Y aunque sabía que debía cuidarme, en ese momento no tenía fuerzas. No inicié ningún cambio. Simplemente trataba de seguir adelante como podía.
Aprender a vivir con ella
No fue el momento en que me puse las pilas. No fue el punto de inflexión.
Fue una etapa de confusión, de adaptación, de intentar entender qué significaba vivir con una enfermedad crónica.
Y aunque aún no sabía cómo enfrentarlo, algo dentro de mí seguía resistiendo.
En el próximo capítulo te contaré cómo nuevos obstáculos se cruzaron en mi camino, y cómo viví uno de los momentos más duros de mi vida.
Cómo dices una enfermedad silenciosa que muchas personas padecen y pocos entienden
eso es así
Una enfermedad muy dolorosa que llevas arrastrando desde hace tiempo. Ánimo bonita.
Muchas gracias!!
Ánimo guapa se fuerte y no te vengas abajo 💪👍💋
Muchas gracias!!!