Después de nuestra boda, la ilusión de ser padres se convirtió en nuestro mayor deseo. Pero la vida, una vez más, nos puso a prueba. Comenzamos los intentos con esperanza, y aunque las primeras pruebas indicaban que todo estaba bien, el positivo nunca llegaba.
Un día, mientras trabajaba, sentí un dolor en la barriga tan intenso que apenas podía moverme. Tras varias horas de sufrimiento, fui a urgencias. Después de ocho largas horas, los médicos detectaron quiste en el ovario de 10 cm y me derivaron al ginecólogo. Más pruebas, más incertidumbre… hasta que llegó el diagnóstico: endometriosis profunda.
Me enviaron a Valencia, ya que en Villajoyosa no realizaban ese tipo de operaciones. Llevé conmigo todas las pruebas anteriores, esperando que sirvieran para agilizar el proceso. Lo que no entendía era cómo, meses antes, nadie había detectado la endometriosis. La frustración crecía, y todo parecía cuesta arriba.
Durante las revisiones, también me informaron de que tenía el útero tubular. Otro jarro de agua fría. Cada vez sentía que mi sueño de ser madre se alejaba más. Y como si no fuera suficiente, durante la espera sufrimos un accidente de tráfico que me provocó una hernia discal. Necesitaba operarme, pero la pandemia lo complicó todo: la UCI estaba saturada y había riesgo de contagio. Cuando por fin me operaron, apareció una nueva complicación: una hernia postoperatoria.
Me preguntaba una y otra vez: “¿Cómo puede ser que nada me salga bien?” Pero, a pesar de todo, no me rendí. Cada diagnóstico, cada operación, cada obstáculo me recordaba que el camino hacia la maternidad no sería fácil… pero que valdría la pena cada esfuerzo y cada lágrima.
En el próximo capítulo te contaré cómo empezamos los tratamientos de fertilidad, y cómo enfrenté las primeras decepciones con el corazón lleno de esperanza.
Muchas complicaciones que se convierten en obstáculos para vuestro propósito que esperamos sea una un final feliz en breve.
Todo saldrá bien !!!!
Habéis pasado por muchas complicaciones pero la meta está cada vez más cerca.